EL CORAZÓN ROBADO

                                        

En algún lugar de Irlanda, un ladrón convive con el corazón de un santo.  Funcionarios de la Catedral de la Santísima Trinidad de Dublín, confiesan su perplejidad por el robo de la reliquia más preciosa del templo: el corazón de San Lorenzo de O´Toole, santo patrón de la capital que desde el siglo XIII se conserva en  la “Catedral de la Iglesia de Cristo” -que es como se la conoce-, centro de culto Católico y Anglicano. El corazón permanecía guardado en una caja en forma de corazón protegida por una pequeña jaula de hierro. Para su extracción cortaron las barras de la jaula, “posiblemente con la ayuda de unos cortadores de metal” aseguran los cuidadores del templo. La policía no sale de su asombro ya que  junto a la reliquia se conservan objetos de oro y piedras preciosas que, a lo que se ve,  no suscitaron el más mínimo interés del caco. ¿Qué motivos movieron a tan singular ladrón? La confusión de fieles y religiosos es mucha. “La intención única del ladrón era robar el corazón del Santo Patrón que no tiene valor económico alguno pero que resulta un tesoro invaluable para la ciudad”. Pero ¿quién fue Laurence O´Toole en realidad?. San Lorenzo O´Tooloe fue uno de los grandes evangelizadores de Irlanda. Cuentan que vivió una vida de austeridad y penitencia. Arzobispo de Dublín  desde 1162 hasta 1180, ganó gran prestigio como mediador en las confrontaciones gaélicas y normandas. El Papa Honorio III dictó su canonización en 1225 con el respaldo de grandes milagros proclamados en su tumba. Muerto en Normandía, en gestión de paz, sus huesos no llegaron a Dublín hasta pasados algunos años, pero durante la Reforma protestante del siglo VXI, dichos huesos habían desaparecido salvo el corazón que permanecía incorrupto y que es el mismo que, hasta ahora, se veneraba en la citada catedral. Ya existen voces que proclaman una llamada de atención divina. Es decir, un milagro. “Tomad mi corazón, salvadlo!”, suplicaba el poeta Rimbaud en un poema cuyo título es el mismo que el enunciado de este artículo. Los milagros aparecen cuando menos se esperan. Agustín de Hipona llamaba milagro a lo que “siendo arduo e insólito, parece rebasar la capacidad de quien lo contempla”. Sea lo que sea el misterio ocupa su lugar. Vive en nosotros.

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