SUICIDIO, POEMA SUBLIME DE MELANCOLÍA

No sabemos si Honore de Balzac seguiría pensando hoy lo mismo que hace años 180 años cuando escribió aquello de “cada suicidio es un sublime poema de melancolía” o si Camus seguiría opinando, 60 años después, que “es el más grave problema filosófico de la humanidad”. Pero lo que sí preocupa en estos momentos es que, según las encuestas, el suicidio ha crecido de manera alarmante en los 3 últimos años. (Por cierto que impresiona ver estos días por Internet un vídeo de un suicidio en directo. Sucedió en Arizona y en una sala judicial. Al conocer la condena (16 años de cárcel) un ciudadano norteamericano ingiere una sustancia que le hace caer fulminado entre convulsiones.) Y preocupa que empresas líderes, como la francesa Télecom, hayan tenido que organizar cursos “anti-suicidios” para ejecutivos, debido a la cifra de trabajadores desaparecidos en tales circunstancias. La más amarga realidad supera, como en este caso, la ficción. Y no es ficción precisamente lo que denuncia la policía griega en un estudio reciente. En los últimos tres años han aumentado los suicidios en un 35%. Para la actual Grecia el problema no es solo filosófico como dijo  Camus, sino de  los discípulos poco aventajados de los Siete Sabios de Grecia, aquellos que acuñaron la máxima “nada con exceso, todo con medida”. Problema que suscita que gentes sin escrúpulos y con ambiciones desmesuradas hayan sumido a Grecia en una honda crisis económica, política y social. La peor desde la II Guerra Mundial. Y es que el suicidio ha estado presente en toda la historia de la Humanidad. De ello se han escritos ríos de tinta. El sociógo francés Émile Durkheim ya dejó dicho en El suicidio (1987) que “los suicidios son fenomenos individuales, pero quienes los provocan son causas colectivas, sociales y políticas”. Aunque nadie nos inquietó tanto como Artaud, “el suicidado de la sociedad”, que dejó escrito uno de los textos más hermosos y crueles que hemos leído jamás: “La vida en si misma no tiene ninguna solución, no tiene ningina clase de existencia elegida, consentida, determinada” (…)  “La idea de la libertad del suicidio cae como un árbol talado. No soy creador de mi tiempo, ni de las circunstancias de mi suicidio. ¿Sentiré la arrancadura”?   


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