OCTAVIO PAZ: NOBEL EN NUEVA YORK. Mementos (5)

view;_ylt=A0PDodgauhpRtwkA5YOV.Qt OCTAVIO PAZNOBEL EN NUEVA YOR                                                                                                                                                                      

Ocho de Octubre de 1990. Nos encontramos en el The Poetry Center (Street, 92ND), donde el  poeta y ensayista Octavio Paz ofrece una lectura de poemas ante centenares de espectadores. El autor de El laberinto de la soledad sonrie afablemente a su entrada en el auditorio. Se dirige al público en inglés y español, indistintamente. De sus palabras recogimos en un cuaderno lo que sigue: “¡cuidado con la libertad! es lo más frágil que tenemos, no permitáis que nadie os la quite”. Y estas otras: “no es lo mismo la literatura cautiva por modas o tendencias, que la literatura construída en libertad”. En otro momento y en respuesta a un espectador afirmó; “sí, es cierto, sigo inmerso en la crisis de las ideas”. Mientras se denomina a sí mismo un izquierdista desilusionado: “el sueño de la izquierda no debe persistir mientras genere pesadillas en lugar de sueños”. El poeta parece mostrarse en plena forma. Se ha desplazado a la capital estadounidense para pronunciar una conferencia en el Metropolitan Museum, donde se celebra una semana oficial dedicada la exposición: “México, explendor de 30 siglos”. Tres días después, exactamente el jueves 11 de octubre, el escritor descansa en el  hotel Drake -suite 1605- cuando una llamada telefónica le anuncia que le acaban de conceder el Nobel de Literatura. Son las 18,30 de la tarde, hora peninsular. Pocas horas más tarde, y en una de las salas principales del hotel, el poeta responde a más de un centenar de periodistas representantes de medios de comunicación de todo el mundo. Así fué y así lo contamos ahora. Coincidencia. Casualidad de encontrar en una librería un programa donde se anunciaba la presencia del poeta y su participación en un recital. De regreso a España volvimos a las páginas de Libertad bajo palabra. En ellas encontramos otra vez ese impulso creador, no carente de incertidumbre, ante el futuro del hombre (“al final del XX, el concepto de persona humana está en peligro”). Así fue, y así es que, veinte años más tarde y en una tarde  igual a hoy, suceda que, inexplicablemente, volvamos la vida atrás.  Sin ningún motivo aparente ni suceso extraordinario. Ocurre que la memoria ha vuelto a escribir en mí. Ha vuelto a mover mi mano sobre el tiempo. 

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