ASÍ QUE PASEN CIEN AÑOS (Días de diarios)

Dejar escritos textos o documentos propios de una profunda reflexión o de  un interés altamente creativo  para darlos a conocer un centenar de años más tarde, nos parece una idea digna de sopesar como poco. Qué sucedería si entonces,  una vez abierto nuestro legado se descubriese que lo entonces manifestado y escrito es -era-, 1oo años más tarde, un descubrimiento de alcance, es decir material de indudable valor. Sabemos que la excelencia no solo está en manos de quienes la crean o la ejecutan, sino, y también, de quienes son capaces de apreciarla y darla a conocer. El tema tiene su miga y -no lo ocultamos- suscita nuestro interés. Hace unas horas leíamos en un diario digital como en un pueblo de Noruega llamado Otta, existía un paquete conservado en el museo de Gudbrandsdal desde hace 100 años. Dicho paquete procedía de un legado que les dejó un antiguo alcalde de la localidad, justo en 1912,  con la inscripción siguiente: “Para ser abierto en 2012”. Hay dos aspectos sorprendentes en este caso. El primero corresponde al hecho de que fuese respetada fielmente la fecha de apertura, dada la expectación creada no solo en Noruega sino en todo el mundo. Tal es así que la apertura fue retransmitida en directo. Sorprende igualmente que al ser abierto el envoltorio solo se den como encontrados dentro “algunos documentos, recortes de periódico, cartas, recibos, e incluso algunas imágenes  y prendas de ropa”. No se ofrece ni la más mínima pista que alerte sobre el verdadero leit motiv  que indujo al Exmo. alcalde, Johan Nygaard, a tomar tal decisión.  “Todo ello será sometido a a un estudio más profundo”. Con estas palabras se puso fin, por el momento, a la apertura retardada del misterioso legado. Pero nos quedamos con la copla y retomamos la idea con la que iniciamos este artículo. Escribir a 100 años vista. Es decir, dejar memoria de nosotros para ser leídos, interpretados y cotejados un siglo después. Apostamos por ello. Sabemos muy bien que la vanidad es mucha y que los escritores pagados de sí mismos no admitirán de buen grado esta propuesta. Quieren ser receptores (y a poder ser izados al  parnaso de la gloria) para, en vida, recoger el laurel de la excelencia. Seamos visionarios y apostemos por un futuro mejor aunque sea sin nosotros. Los creadores actuales no sobrevivirán a los recortes económicos, a la “cultura del ocio”, ni mucho menos a los políticos de turno. Escribamos  para un tiempo futuro que, como poco, será más receptivo. Mejor dejar de existir con dignidad que sobrevivir a un holocausto. 

P/D. Una vez finalizado este artículo llega hasta nosotros la noticia de que 600 personalidades culturales argentinas piden pensiones para sus escritores. Ya en 2009 los legisladores de Buenos Aires consideraron que algo había que hacer para proteger a los que denominan como “la columna vertebral de la sociedad”. 

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