ERNESTO SÁBATO: “NO PUEDO, NO PUEDO”. (Mementos, 7)

ERNESTO SÁBATO

ERNESTO SÁBATO:  “NO  PUEDO, NO PUEDO”

Tenía 88 años y aquella tarde, Mayo del 99, presentaba su última obra: Antes del fin en la Feria del Libro de Buenos Aires. Una amiga periodista, llamada Daniela, me acompaña. El escritor ya se encuentra en el Stand firmando ejemplares con gesto adusto y sombrío. “La enfermedad de su esposa y la reciente muerte de su hijo le ha hecho menos accesible, más escéptico”, me dice Daniela. Un  locutor de Radio Continental intenta hacerle una entrevista. Sábato le responde: “Recibo cada día 10  o 12 propuestas de entrevista e invitaciones a viajar a Europa y me llegan unas 20 cartas. No puedo, no puedo. Me ocurren hechos que me sumen en un dolor tan intenso que me imposibilita para este tipo de tareas. Le responderé a 3 preguntas, como máximo. Ni una más“. Sábato vivía en Santos Lugares, un pueblo a 40 minutos de Buenos Aires en ferrocarril. Junto con la amiga periodista fuimos, días después, a verle.  Le había concedido una entrevista por teléfono: “Venga si quiere, pero no más de 6 preguntas”. Después de atravesar el jardín efectuamos un recorrido por un camino de baldosas blancas y negras que nos llevan hacia la puerta de entrada. Sábato espera de pie, Tiene prisa por empezar y no admite, efectivamente, más de media docena de preguntas. Tomo nota de una de sus respuestas. Se refiere a Borges: “Fuimos amigos, pero nos separó la política. Cuando la llamada “Revolución Libertadora” yo denuncié a personas con nombres y apellidos. A los  2 días salió en la prensa una declaración  de escritores y artistas condenándome. Lo que significaba que, de alguna manera,  justificaban las torturas. Como siempre fui un especialista en hacerme enemigos. Años más tarde hubo una reconciliación entre Borges y yo, gracias a un joven escritor que logró que hiciéramos un diálogo que luego se publicó en un libro”. En el camino de regreso Daniela me habla de lo que significó y significaba  Sábato en Buenos Aires. Ya en España leí “Antes del fin”. Un libro de memorias que considero  imprescindible. De intenso rigor ético y acento lírico y solidario. Al recomendar esta lectura acude a la memoria el rostro sombrío y dolorido del hombre: “no puedo, no puedo”. Y del escritor cuando dice: “Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos. Una categoría nueva que nos habla de la incapacidad de los gobiernos para quienes no cuenta lo humano”  (1) ¿Les recuerda algo?

(1) Antes del fin. Ed. Seix Barral, 1999

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