PERIODISMO DESDE LA LIBERTAD (Días de diarios)

thAndamos perdidos últimamente en la calificación del  periodismo actual. Existe un desconcierto grande para el lector en cuanto a lo que prevalece en sus enunciados y en lo que, intencionadamente, sospecha que se le  oculta. Hagan la prueba. En un día cualquiera usted se conecta a internet. Uno tras otro va cotejando los titulares de los diarios. Por el motivo que sea existe una noticia que requiere su atención e intenta comprobar su veracidad en cada uno de ellos. La perplejidad es grande porque al final de la lectura no va a ser capaz de discernir, dada la disparidad de criterios, donde se esconde la verdad. La noticia es una, pero lo que se comenta sobre ella no es, en ningún caso, coincidente. La búsqueda de las causas de los hechos no coinciden y usted no sabrá -a no ser que haga una “media” de lo leído – a que carta quedarse. Se sabe que en el género periodístico existe la noticia, y la opinión que de ella muestran los diferentes periodistas y colaboradores del mismo. Se ha dicho que lo importante no es la noticia sino lo que de ella se comenta después. No es verdad. El lector de diarios desea en un principio conocer el hecho, luego queda el acceder o no al seguimiento del mismo según la subjetividad del comentarista  que, no olvidemos, pertenece a determinados grupos de poder e ideología política. No es el mejor momento para hablar de la profesión periodística dado el momento agónico que atraviesa. Pero si es conveniente calificar el actual periodismo español de sectario y manipulador. Cada periódico intenta que veamos la realidad mediante la óptica de su ideología e intereses de grupo empresarial. Personalmente  me niego a que me engañen. La naturaleza del conocimiento forma parte de la verdad. Y mientras exista el deseo de comunicación libre en el receptor. es obligación del emisor responderle en igual medida.  Lo dijo Camus: “Ser periodista es trabajar por la verdad, buscarla y aproximarse a ella por sobre los prejuicios propios y ajenos”. Dicho lo dicho me quedo con Larra. Aquel periodista que se constituyó en un ejemplo moral de la profesión, luchando contra los gobiernos y los grupos periodísticos de poder. Su yo identitario, absolutamente escéptico y distanciado, vive ahora -y bien que lo sentimos- en nosotros. 

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