EL HONOR PERDIDO Y LA CONCIENCIA EN CRISIS

saramago

Hasta hace poco tiempo no manejábamos, con la soltura de ahora, las claves de la crisis actual: paraísos fiscales, contratos blindados, dinero negro (o B, como gusten) fuga de capitales, etc. Y lo peor es que la ciudadanía se ha familiarizado de tal forma con estos enunciados que en vez de causar rechazo  suscitan admiración y envidia. Se han interiorizado de tal forma los “valores” de los poderosos que a lo que se aspira es a emular sus lujos, poderes y riquezas. El DIOS-DINERO, y todo lo que conlleva a llegar a poseerlo, se ha instalado como valor en alza en nuestra sociedad. Hablemos pues, como dice el escritor Sanchez Ferlosio, del “sentimiento del honor perdido. que no es tanto haberse fallado a uno mismo, sino haberles fallado a los demás”. Que no. Que lo más grave no es la crisis económica -desde hace tiempo se veía venir- sino la fuga de conciencias y la falta de escrúpulos de nuestros dirigentes políticos, incapaces de legislar un sistema de justicia y control para los que delinquen. Ellos son culpables en primer grado, de manipular y mediatizar la justicia, puesta ahí por decreto y voluntad de ellos mismos. Culpables de hacer oídos sordos al clamor del pueblo que exige por vía de urgencia, una reforma de las leyes electorales. Culpables de querer perpetuarse en el poder cerrando puertas a futuros sucesores, aunque estos sean de su misma cuerda. Y, claro como el agua: superando los dos mandatos de poder aparecen indicios de corrupción segura. Y lo más grave, el uso y puesta en práctica de sectarismos y nepotismos de los partidos políticos, unido al  pesebrismo de quienes se dejan seducir por sus falsas ideologías.  Si somos libres para decir que no soportamos  sus discursos retrógados y dieciochescos, también lo somos para acusarles de encubrir la realidad, el más grave delito de la condición humana. No consentiremos  que se nos diga que “en todas partes cuecen habas”. Miren ustedes, si corruptos, maleantes y mentirosos ha habido siempre no podemos permitir que lo sean ellos, los que nos representan y ocupan altos cargos de poder y decisión. O somos capaces de  entenderlo así -y reaccionar por lo tanto- o estamos perdidos. Mientras esto sucede, volvamos a leer la Política, de Aristóteles. Y escuchemos el poema El político, en la voz y autoría de Evangelina Metther, que circula por YouTuve. Merece la pena.

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