EN EL OJO DEL HURACÁN (“Días de diarios”)

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Esta vez se trata de una evacuación histórica. El huracán “Irene” ha regresado -la primera vez fue en 2011- a tocar tierra, según el informativo neoyorquino Diario de Nueva York. “Irene” ha regresado como tornado de grandes proporciones. Tanto es así que, por vez primera en la historia de la gran urbe, su alcalde ha tenido que tomar medidas urgentes de evacuación: más de 300.000 habitantes que viven en áreas localizadas bajo el nivel del mar. El condado de Oklahoma es el más afectado. Por el momento se calculan un centenar de muertos y varios centenares de heridos. Hasta aquí la noticia. Después, surge la pregunta tantas veces realizada: ¿por qué se bautizan, mayoritariamente, los volcanes con nombres de mujer? Cuentan que fue el meteorólogo australiano Random House, a mediados del siglo XIX, quien decidió usar nombres de mujer para los huracanes más destructivos. Medio siglo de interrupción hasta que en 1941 la Random House publicó Storm, una novela del escritor estadounidense, George R. Stewart. En aquella novela un meteorólogo tiene la costumbre de conferirle a cada nueva tormenta un nombre de mujer. Y así fue cómo los meteorólogos de la Armada de los Estados Unidos se inspiraron en la novela para asignar nombres femeninos a las tormentas tropicales del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial en memoria, sobre todo, de las amadas ausentes. Finalizada la guerra la práctica se extendió a los huracanes del Atlántico y eventualmente a todas las tormentas tropicales del mundo, con las protestas consiguientes de los grupos feministas de la época. En 1979, la Organización Meteorológica de los EE.UU decidieron incorporar nombres masculinos alternándolos con nombres de mujer, por orden alfabético. Pero en el recuerdo queda ese cuarto de siglo donde los huracanes, ciclones y tormentas se bautizaban únicamente con nombres de femeninos. “Katrina” dejó centenares de muertos en 2005. En el momento presente es el nombre de “Irene” quien vuelve a tomar el relevo, 2 años después de su primera aparición. aunque entre unos y otros se sucedieron otros tornados devastadores en femenino: “Arlene”, Cindy, Emily… En el ojo del próximo huracán se barajan, por orden de irrupción y siguiendo un orden alfabético, los nombres de José primero, y Katia después. Eso dicen. Aunque no nos engañemos: el huracán, no solo atmosférico, vive  en nosotros permanentemente. En el desorden de nuestros caos interiores somos la tormenta. Reos consentidores de un barómetro, ascendente y descendente, que nos sitúa cada poco en el ojo del huracán.

Tú eras el huracán y yo la alta/torre que desafía tu poder:/

¡tenías que estrellarte o que abatirme!/ ¡No pudo ser!

(G.A. Bécquer)

Huracán, mujer 

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