EXCELENCIA: 7 ESCRITORAS DIARISTAS (Almaria, 8)

“En vano trato/ de recordar lo que pasó aquel día./ ¿Estuve en algún lado,/ hablé con alguien,/ leí algún libro…?/ Lo he olvidado todo. (1) 

Katherine MansfieldSusang Sontang Hannah Harendt%22Diario filosofico-1950-endt_SilvyaExistía algo, no sé, intangible, sutil, secreto, en las primeras lecturas autobiográficas que nos fue dado leer. Todo comenzó con El diario de Ana Frank, conmovedor testimonio de unos diarios escritos por una niña judio-alemana durante la II Guerra Mundial. Nadie se pone de acuerdo a la hora de delimitar ámbitos y fronteras¿dónde terminan los diarios y comienzan las memorias y autobiografías? ¿El yo del autor debe comprometerse más al esfuerzo sincero de analizar su vida y exponerla en público?

Alejandra PizarnikVirginia Woolf

En todo caso el yo de un escritor y su verdad son realidades que se crean a la vez que se van escribiendo. Llámense como quieran, fueron muchos los años en que seguimos  coleccionando lecturas y ejemplares de las mismas. Así es que me permito la licencia de traer aquí a siete protagonistas de esos textos. Siete escritoras que fueron capaces de aportar un punto de vista testimonial más intenso y directo a la hora de afrontar las franjas más inaprehensibles de la propia intimidad. Comienzo con la neozelandesa Katherine Mansfield (1888-1923), dotada de una  lúcida, trágica e irremediable conciencia que le permite captar la imperfección del mundo exterior: la vida no tiene porque  ser fatalmente inferior a lo que nosotros somos capaces de concebir. (Diario (1910- 1922). Anais Nin dejó escritas quince mil páginas mecanografiadas que ocuparían -según el escritor Henry Miller- “un lugar al lado de las revelaciones de San Agustín, Petronio, Abelardo, Roussau y Proust”. Le debo a Editorial Bruguera la compra de seis volúmenes que recogen estos diarios escritos entre 1931 y 1947. Seis tomos que leí  con inusitado interés hace mas de 30 años. En estos diarios Anaïs Nin se enfrenta a todos los abismos del ser empleando sentimiento e intelecto a partes iguales: este diario es mi kif, mi haschish, mi opio.  Entre  1925 y 1930 sus diarios permitieron descubrir el talento -ya lo había demostrado con creces en su obra narrativa- de Virginia Woolf (1882-1941), escritora total: La vida, quizás, no se presta a las manipulaciones a las que la sometemos cuando intentamos contarlas. Memorias, no sólo íntimas, son las que Annah Anredt (1906-1975) compiló en 28 cuadernos que se creían perdidos. Arendt -una de las filósofas más influyentes del siglo XX – reflejó durante 23 años la urdimbre de sus pensamientos, a través de sus lecturas y reflexiones en forma de resúmenes o comentarios; aforismos y poemas escritos en alemán y español: Porque no me hice a mi misma puedo ser libre; si me hubiese hecho sola, habría podido preverme y, de tal modo, habría perdido la libertad. ¡Ojo a la película que se exhibe actualmente en los cines españoles! Sylvia Plath (1932-1963) fue fiel a sus diarios desde niña. Con el tiempo esas anotaciones se convirtieron en una tentativa de explicarse a sí misma -y a los demás- los miles de cabos sueltos que se entremezclan en su tortuosa existencia. Poeta concebida -al igual que su esposo Ted Hughes- como la mejor de su generación. Un año antes de su muerte escribiría su obra fundamental Ariel. Ella así lo reflejó en una carta dirigida su madre: Estoy escribiendo los mejores poemas de mi vida, los que me harán más yo, más famosa… Considerada como uno de los iconos intelectuales de Estados Unidos, Susan Sontag, (1933-2004) mantuvo desde los 14 años unos diarios que fueron redactados “solo para ella”. Los más de 100 cuadernos han sido publicados (la primera parte aparece bajo el título : Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964) por deseo de su hijo. David Rieff, que sabe que a su madre no le gustaría: “Mi decisión viola, sin duda, su intimidad”. Un año antes de su muerte fue galardonada con el “Premio Príncipe de Asturias de las letras”. A los 15 años llenaba su diario con listas de libros, películas, óperas y sinfonías mientras dejaba anotado en su diario cosas como ésta: Creo que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo. Finalmente no podemos obviar Diarios de la poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) publicados entre 1955 y 1972. Alejandra es una autora esencial en la historia de la literatura hispanoamericana. En estos cuadernos el lector se arriesga a traspasar el laboratorio de su poética; su particular descenso al infierno de las palabras; la lucha por conquistar la plena madurez existencial y artística de su voz. La escritora, también argentina, Ana Becciu, escribe en el prólogo: “Que su lectura sirva para entender que la vida de Alejandra no fue una pose, que fue una escritora que le dolió el serlo porque casi nadie logró mirarla, comprenderla y amarla tal cual era”. La empresa no era nada fácil. Su vida y sus textos lo delatan:  Yo no sé de pájaros, no conozco la historia del fuego. Pero creo que mi soledad debería tener alas. (…) La soledad es no poder decirla, es no poder darle un rostro, un paisaje. La soledad sería esta melodía rota de mis frases. Tuvimos la oportunidad de participar en un homenaje multitudinario que le ofreció su ciudad natal, Buenos Aires, hace 13 años. Para no olvidar. Y soslayar que tres de las escritoras aquí citadas terminaron suicidándose. ¿Quienes fueron? ¿Quiénes son?. 

(1) José Emilio Pacheco

                                                 

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