LOS MAGOS DEL POETA RUBÉN DARÍO (Almaria,10)

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Pero cuando estuvo junto a aquel infante/, en cuyas pupilas miró a Dios arder,/ se quedó pasmada, pálido el semblante,/ porque no tenía nada que ofrecer. (R. D)

Leo a Rubén Dario. El poeta nicaragüense construyó un bello retablo navideño titulado La Rosa Niña y está dedicado a los Reyes Magos. Solo el “divino Sandro” -como solía llamar a Botticelli- hubiera  podido plasmar ese “cristal, oro y rosa del alba palestina” que describe en la primera estrofa. El poeta describe a aquellos tres hombres, “cavilosos y barbados”, como tres privilegiados que acaban de ser testigos de un gran portento. Y les presenta como símbolo de la Ciencia que se rinde ante el misterio de una estrella que brilla en lo alto y del  niño que nace en un pesebre: “Salen los tres reyes de adorar al Rey/flor de infancia llena de una luz divina/que humaniza a  la mula y el buey.” A continuación el poeta se pregunta a sí mismo ¿De dónde, de qué lugar proceden? El misterio sobre la procedencia de los sabios continúa. ¿Acaso la misión de los Magos consiste en el nacimiento de un libertador capaz de poner fin al cautiverio del hombre por el hombre? “Baltasar medita, mirando la estrella que guía en la altura/ Gaspar sueña/ en visión sagrada/ Melchor ve, en aquella/llegada el mágico bien”.  Ya en las afueras de Belén el cortejo de los magos se detiene. Les sale al paso una niña “de rara belleza” que les  hace una petición: “Aún no ha llegado el día…¿Dónde está el establo?/ ¡Prestadme la estrella para ir a Belén!”. Y es así como aquella niña,  según Rubén Darío,  se metamorfosea en rosa para darse ella misma ya que no tiene nada más que ofrecerle: “¡Qué dar a ese niño, qué dar sino ella! El poema finaliza en “la mediodía de la Epifanía,/ con su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha flor”. Rubén Dario -según el estudioso de su obra, Martínez Rivas- “refleja aquí, no un poema cursi de ocasión sin ninguna trascendencia en su obra, sino el sacrificio y transfiguración de un poeta verdadero”. Él mismo se ofrece como víctima propiciatoria.  Según Rivas, “Darío fue siempre el Poeta niño que el mismo nos pinta en sus reminiscencias con el  alma impúber de un catecúmeno cristiano que bordaba sus sueños en las hojas trenzadas de una palma pascual”. El poeta de mayor influencia en la poesía del siglo XX, nos deja, vísperas de reyes y un centenar de años después, su legado P.ascual.

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