2. MEMORIA ESCRITA DE MÍ (Decir no)

imgres-1No./ Se dice una sola vez./ No es el último acto de dignidad./ No, es el fin de un libro, sin más capítulos, ni segunda partes./Sólo quien sabe decir No puede decir Sí un día.  (H. Finkelstein)

“Salir de mí, buscarme entre los otros. Desarrollar un repertorio de adaptación a los demás”, decía Octavio Paz. Es decir, transformase, negarse a sí mismo en virtud de los otros. Pero lo que Paz -uno de los más importantes intelectuales del siglo XX- obviaba, es que no siempre un espíritu en libertad debe ser sometido a criterios ajenos e imposiciones. Así lo he creído desde muy pronto. Les cuento: me recuerdo con poco años tratando de encontrar la diferencia existente entre la negatividad y el asentimiento. El por qué unas veces sí y otras no. En un principio creía que se trataba de un juego. Decir que  suponía ceder a los deseos de quienes tenían la autoridad suficiente para obligarte a ello. Decir que NO era enfrentarse a una realidad -al menos yo así lo percibía- nunca favorable a mis deseos. En todo caso, tener la facultad de desobedecer era algo inimaginable para un mundo que se abastecía -lo sigue haciendo- de marionetas humanas prestas a ser obedientes, manipulables. Debido a estas percepciones enseguida supe lo que quería ser de mayor. Quería ser libre, eso era. Tan libre como para que en el futuro nadie pudiese decidir por mí. Sin embargo, según crecía en años y en conocimiento, me di cuenta que no me sería nada fácil ya que el hecho de ser libre, serlo de verdad, comenzaba por emprender una larga y dura travesía hacia el NO. Y el camino era tortuoso. Existían bifurcaciones con trampas ajenas a tus deseos y señuelos engañosos. Pronto tuve la certeza de que, sortearlos, sólo sería posible a los más fuertes. Así es que consideré -no sin muchas dudas puesto que nadie a mi alrededor parecía dispuesto a secundarme- someterme a la prueba. ¿Pero cómo empezar? En un principio aprendiendo a leer en los ojos de los demás sus puntos contradictorios. Su vulnerabilidad. La mirada es autónoma y niega en muchos casos lo que afirman rotundamente las palabras y, como decía Umbral, “mirar a otros ojos muchas veces da miedo”.  Mentiras y verdades, síes y noes coexisten con facilidad y es importante saber diferenciarlos. Interpretarlos. Me fue de gran ayuda la filosofía del NO. Seguí los consejos de Baltasar Gracián: “No hay mayor esclavitud que decir sí queriendo y debiendo decir no”. Y el testimonio de García Marquez que, con media vida ya cumplida, descubrió que “lo más importante que aprendí a hacer después de los 40 fue decir que no cuando es no”. Incluso, aprendí con Bartleby, el escribiente del libro de Melville, a decir “preferiría no hacerlo”, cada vez que le pedían hacer algo en lo que no creía. Porque para Bartleby decir NO, era igualmente cuestión de dignidad. Ya que, lo creamos o no, lo ejercitemos o no, la desobediencia es posible. Así lo descubrí entonces. Así lo mantengo hoy después de decir NO muchos años, muchas veces después 

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