LUIS ROSALES. Llanto por García Lorca. (Mementos, 12)

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Hoy, al quedarme solo y sentirme desnudo/ ha resbalado de su palabra el sueño repitiendo:/ Volverás a vivir.                                
                                                           (L. Rosales) 

Madrid, jueves 28 de abril de 1983. A las 4,30 de la tarde habíamos quedado citados en una cafetería de la calle Goya madrileña con el poeta Luis Rosales. Se trataba de ultimar unos detalles con motivo de su participación, junto a Antonio Gamoneda y Joan Brossa, en un encuentro poético a celebrar en la localidad asturiana de Avilés. “Me has privado de la siesta” me dijo con excelente humor. Después de educarme en los efectos benefactores de la siesta, paso a decirle que observé su presencia el día anterior en la Biblioteca Nacional. Se presentaba la novela También se muere el mar, del entonces ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán. Novela que había visto la luz por  primera vez en Argentina en 1959, tras haber sido rechazada por la censura franquista. Hablamos de la excepcional presencia en dicho acto del mundo intelectual: Jesús Aguirre, Pedro Lain, Ian Ginson, Jaime Salinas, Gonzalo Torrente Ballester y él mismo, entre otros. Asimismo recreamos unas anécdotas de Morán que demostró tener un soterrado sentido del humor. Por cierto, que el escritor, nacido en Avilés dijo refiriéndose a su ciudad: “La novela está centrada en un ambiente en el que yo he vivido. Un pueblo burgués muy pequeño y con una sociedad represiva que vive con pulso lento el momento en que llega la gran transformación industrial del mismo”. Como es de obligación le felicito por la consecución del premio Cervantes el año anterior y le recuerdo un fragmento de su discurso en el mismo: “Ya es hora de saberlo. Desatendidos por la sociedad y vistos con recelo por los gobiernos, los poetas españoles no pueden ser perseverantes en la defensa de su vocación. Nadie se lo permite. El poeta es un náufrago en tierra. Escribir en España sigue siendo llorar”. Con Rosales volveríamos a coincidir siete meses más tarde en Avilés. Le acompaña su esposa María Fouz, todo un personaje. Componentes del colectivo “Jueves Literarios” y otras autoridades locales le acompañan en la cena que se celebra en el  “Restaurante San Felix”. Expresivo y locuaz Rosales va desgranando, cada vez con más brío y emotividad acontecimientos e incidencias de su dilatada vida literaria y personal. Como era predecible surge el controvertido tema de García Lorca. Rosales no lo rehuye. Todo lo contrario. Habla con vehemencia de “su maestro y amigo”e incluso llega a entonar para nosotros algunos fragmentos de coplas y suites compuestas por el poeta de Fuente Vaqueros. En aquellos momentos lo tuve claro: cuarenta y dos años después de la muerte de Lorca, la herida permanecía abierta. Se traslucía en sus ojos humedecidos por la emoción. Al cumplirse el centenario de su nacimiento, acaecido en 2010, su único hijo Luis Rosales Fouz, concedería una entrevista con el siguiente enunciado: “Mi padre vivió con la tristeza de no poder salvar a Lorca. Quisieron vincularle injustamente a su muerte y eso le causó una herida que le persiguió por vida”. Así fue y así lo contamos. Para fijar en la “memoria histórica” de la poesía escrita en España. Que, como decía Luis Rosales, equivale a un llorar. Sin más.  

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  1. L Rosales sobran comentarios fantastico

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