ARQUITECTURA HUMANA, PROFUNDAMENTE HUMANA (Días de diarios)

Con los ojos del niño que se asombra, dibujo/ descubro materiales y les dejo ser ellos,/ me invento otras paredes casi invisibles, diáfanas,/ y así puedo estar dentro sin dejar de estar fuera. (Luis Felipe Vivanco)

Catedral Nueva Zelanda 2013

 

Teatro de papel en Amsterdam

Cuando las ciudades crecen como manchas de aceite se convierten en tragedias urbanas. Las urbes se marchitan entre las manos del desarrollo y del mercantilismo más duro. Las ciudades se diseñan casi siempre carentes de humanismo. Desde que hace unos años leí que Victor Hugo consideraba la arquitectura como la más importante y sabia de las Bellas Artes, comencé a interesarme por los grandes arquitectos del siglo XX y por sus obras. Obras comprometidas con las personas y no con el beneficio económico. Y descubrí que nada me gustaría más que construir edificios como reflejo del hombre en su exacta libertad y en su tiempo. Porque también aprendí, a través de lecturas y conocimiento de grandes profesionales que sólo la arquitectura tiene el monopolio del espacio. Solamente ella, entre todas las artes, puede dar al espacio su valor pleno de belleza y confortabilidad ante la deshumanización y vulgaridad de la cultura existente. Y deseé de pronto, comenzar de nuevo procediendo a construir ciudades como obras de arte necesarias para la humanidad. Coincidía con todo ello que yo estaba entonces leyendo el libro de Aldo Rossi, La arquitectura de la ciudad y habiéndome interesado igualmente -era obligado- por las construcciones sinuosas, sensualmente solidarias de Oscar Niemeyer (a quien dediqué un poema acróstico que se le fue enviado cuando el arquitecto brasileño cumplió 103 años y del cual recibí acuse de recibo) e igualmente leído  hacía más tiempo a Le Corbusier en La ciudad del futuro: “el primer estímulo para desarrollar mis ideas lo sentí en Toscana, donde vi resueltos, en el silencio y la meditación, los problemas del individuo y de la colectividad”. Y sucede que, inesperadamente, surge la noticia. Se ha fallado el premio Pritzker (considerado como el Nobel de arquitectura) concedido este año al arquitecto japonés Shigeru Ban, más conocido como el “arquitecto de los pobres” por -entre otras obras- llevar más de dos décadas trabajando en áreas de desastres naturales, diseñando y construyendo a bajo coste desde refugios hasta edificios comunitarios usando materiales no convencionales como el bambú, telas y materiales compuestos de papel reciclado y fibras naturales. Creador de las “Paper Log House” de Turquía, a base de cilindros de cartón y la cooperación iniciada tras el terremoto de Kope en Japón, construyendo refugios y viviendas, no exentas de armonía, para miles de damnificados por el terremoto y devastador tsunami que asoló el noreste de Japón. Contemplo por Internet algunas imágenes de sus obras arquitectónicas: Iglesia de Papel en Kobe (1995); el Teatro de Papel de Amsterdam (2003), Museo Nómada  de Nueva York (2005); Naked House” (Casa desnuda), en Saitama, Japón (2000); La “Curtain wall House” en Tokio (1995); Centro Pompidou de Metz, Francia, inaugurado en 2013… Alejado de los divismos y excesos de la arquitectura “estrella”, el arquitecto “humanitario” reivindica una metamorfosis en las que prioriza la arquitectura de lo humano y social desde un compromiso absolutamente altruista. Con todo lo leído y escrito considero, que si se me hubiese concedido el privilegio de otra vida, elegiría la arquitectura por ser el arte más insobornable de la historia. Las ciudades, los edificios, las casas familiares, son los testigos más fiables de una época, de una cultura, de una sociedad, de unas ideas. En resumen, ejerciendo la arquitectura, considero que podría escribir el más bello libro de la humanidad para la humanidad. Y cual Gary Cooper en el  film “El Manantial” (que protagonizaba el papel del arquitecto Roak) pronunciaría igual a él uno de los más bellos discursos que en el cine se han dado: ” Toda virtud ha sido pervertida y al hombre, los demás hombres, no están dispuestos a otorgarle libertad alguna (…) el creador es alguien que disiente (…) el verdadero creador está siempre solo”. Completamente cierto.

Imágenes: Catedral Nueva Zelanda, 2013  y Teatro de Papel, Amsterdam, 2002 

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