EL REGRESO DE UN ESCRITOR (Mementos, 13)

images-1 “Nunca creí que con materiales de derribo se pudiera levantar una catedral literaria”  (Pere Ginferrer, poeta)                         

“En La Gaznápira todo es literatura. Su lenguaje, extraordinariamente variado y rico, produce en el lector un placer indecible, una emoción inteligente capaz de seleccionar la palabra una a una, su matiz, su organismo diverso”. (Manuel Seco, de la RAE)

Era -con seguridad lo sigue siendo- un tipo sobrio, educado, tenaz e inteligente. Llamaba enseguida la atención su amabilidad en el trato. Y disponía de una cualidad que, personalmente, siempre he admirado sobre todas las cosas: sabía escuchar. Le conocí ya avanzados los ochenta. Un año antes su novela, La Gaznápira, había irrumpido sorpresivamente en el panorama narrativo español sorprendiendo a la crítica especializada. En ella se contaba la destrucción de un pueblo castellano bajo la mirada atenta y soñadora de Sara Agudo, su protagonista, hija del mismo pueblo pero lejos de él desde la juventud. Sumida en el ritmo trepidante de una gran ciudad, Sara, ya instalada en el éxito pero sabiéndose sola, bucea en la memoria intentando rescatar el mundo rural de sus raíces. Toda la narración se desarrolla en siete historias sorprendentes de humor y ternura que van recreando de principio a fin un universo líricamente realista. La crítica del momento fue unánime: en La Gaznápira (según la RAE “mujer palurda y pueblerina”) se ofrece al lector “uno de los textos estilísticamente más ricos de los últimos años”. Conviene también decir que esta novela alcanzó once ediciones en la Ed. Noguer. Poco tiempo después el escritor Andrés Berlanga (Labros, Guadalajara, 1941) -a él me refiero en el comienzo de este escrito-, abandonó la escritura. Treinta años lejos. Y durante este tiempo dedicación exclusiva, durante siete años, como profesor de la Escuela Oficial de Periodismo y, acto seguido, su incorporación a la Fundación Juan March, donde dirigió durante cerca de 40 años el Servicio de Comunicación. Por el medio queda la muy comentada demanda judicial que el escritor presentara contra el productor y director de cine José Luis Garci, en referencia a los derechos cinematográficos sobre la novela, litigio que gana al no darse las condiciones estipuladas en el contrato para llevar ésta al cine. Y sucedió también lo peor: la muerte -hace pocos meses- de su esposa, la también escritora Enriqueta Antolín. Decíamos que le habíamos conocido a mediados de los ochenta. A partir de entonces estuvimos en contacto con cierta frecuencia, durante los siguientes años. De uno de aquellos encuentros surgió la anécdota. Cierto día coincidimos en la cafetería del Hotel Palace con dos personas conocidas que estaban situadas no lejos de nosotros en dos mesas diferentes. Recuerdo el comentario de Berlanga: “se podría decir que hoy están aquí el personaje más bueno y el más malo de este país”. “Ellos”eran, el Secretario General de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, (el bueno) y el periodista Emilio Romero (el malo). Compartimos risas por la ocurrencia. Treinta años más tarde el escritor de Guadalajara vuelve a las librerías con un nuevo libro. Sucesos es su título. Y el proceso de creación parte del “rastreo cada semana de 18 periódicos de provincia, eligiendo de ellos la semilla (el suceso) y la documentación real o imaginativa del protagonista; su mundo su lenguaje y sus relaciones”. Son palabras suyas.  Curiosamente (perdón por decirlo aquí), cultivamos desde hace tiempo y con parecida intención esa práctica, entresacando puntualmente de los diarios publicados en castellano los sucedidos menores, los más raros, curiosos y, definitivamente, más humanos. Tengo que decírselo. Pero lo que ahora interesa es el regreso del escritor con esta nueva entrega narrativa después de tres décadas ausente. Voló muy alto con un sólo libro y el anuncio de su vuelta, tras el largo silencio, significa encontrarnos de nuevo con la excelencia de un lenguaje castellano perfecto, exacto, breve, irónico… Partiendo de la memoria selectiva le debíamos este escrito hace ya mucho tiempo. Hoy saldamos con él nuestra deuda.     

A. Berlanga“Como lector, siempre he creído que los escritores no deberían hacer declaraciones, ni dejarse transformar en tesis o tesinas, ni abrir su cocina literaria”. (A. BERLANGA)

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