POETAS SOLDADOS EN LA GRAN GUERRA


+trinchera
Los soldados no mueren bien:/ las cruces marcan los lugares:/ Donde cayeron, hoy hay cruces de madera. (E, Hemingway 

Un hombre, cualquier hombre, vale más que una bandera, cualquier bandera.  (E. Chillida

Las charlas, el conocimiento del otro,  es el arte de descubrir hombres. La política es el de engañarlos.  (J. P. Sartre)

Fueron nueve millones los muertos en La Primera Guerra Mundial (1914-1918). La más cruenta de las guerras fue a la vez la más literaria, según los escritos que sobre ella dejaron impresos intelectuales de todo el mundo. Y fueron muchos los llamados “soldados poetas”. Eran jóvenes, apasionados, idealistas, sin apenas entrenamiento ni formación militar y que, en algunos casos, perdieron la vida en el campo de batalla. De la llamada Gran Guerra, Brian Gardner publicó en 1964 una antología de poemas que los soldados escribieron durante el conflicto: Up the line todeath Thewarpoets 1914-1918. Es poesía de guerra. Poesía de muertos y de voces curtidas en el horror.  Cuentan que la mayoría de los poemas se rescataron de los cadáveres: estaban entre las ropas, escritos en cuadernos o en hojas sueltas. A algunos les dio tiempo a enviarlos a sus casas. El más significativo de aquellos bardos fue Wilfred Owen, poeta y soldado inglés, cuya breve obra no se conoció hasta años después de su muerte. Una cita suya abre dicha antología: “Sobre todo no estoy preocupado por la Poesía / me ocupo de la Guerra, y de la pena de la Guerra”. Owen cayó abatido en el canal Sambre-Ouse,  justo 4 días antes de terminar el conflicto bélico . Y con la guerra siempre como paisaje, los poetas invocan el edén perdido, los seres queridos, el Dios conciliador. William Noel dejaría escrito el 1 de julio (dos días antes de caer en la batalla): Por todo los placeres que voy a perderme, Ayúdame, Señor, ayúdame a morir. De Leslie Coulson, muerto en una masacre al norte de Francia, donde sólo en un día (1 de julio de 1916) murieron 20.000 británicos, fueron editados unos poemas después de su muerte: Fromanoutpost  and otherpoms, de los cuales se vendieron en un año 10.000 ejemplares. Un poema suyo finalizaba así: “Dentro de mi alma siento crecer una música extraña, / vastos cantos de una tragedia -demasiado profunda- / para ser pronunciada por mis pobres labios”. Se suceden igualmente los recuerdos a los caídos en combate. Palabras que brotan de un esfuerzo mental para obviar el miedo a la muerte. Sobre todo dentro de las trincheras. Owen lo describe así: “El poco aire permanecía apestado, viejo, ácido / con humo de obuses y olor de hombres / que habían vivido allí años, y que dejaron su maldición / en aquel lugar / si no sus cadáveres”. También fueron muchos los escritores y periodistas españoles que viajaron al frente y narraron el conflicto en trepidantes crónicas. Uno de ellos fue Blasco Ibáñez, que no sólo quiso escribir de la guerra como corresponsal, sino que también se empeñó en desentrañar las causas y los porqués de la misma. En un manifiesto apoyando a los aliados publicado en “El Liberal” el 5 de julio de 1915, aparece su nombre junto a otros intelectuales españoles como Gregorio Marañón, Menéndez Pidal, Ortega y Gaset, Fernando de los Ríos, Falla, Américo Castro, Unamuno, Azaña, Azorín, Antonio Machado, Galdós, Pérez de Ayala y Valle Inclán.  Conviene destacar igualmente la obra del escritor Gerald Brenan que vivió el conflicto con la dicotomía propia del soldado-poeta. En los poemas escritos en el frente y en sus recuperados “Diarios de la Gran Guerra”, se encuentra el poso del gran escritor que fue después. La editorial “Confluencias, acaba de publicar una antología en la cual figuran versos escritos en el frente. Se programarán ciclos, se publicarán textos, se organizarán charlas y exposiciones, se exhibirán films sobre lo mismo. Y se buscarán de nuevo razones y génesis de su origen. Mas, un siglo después, seguiremos fiando a la palabra lo que los hechos y los poderes políticos nos ocultan. Desde el tratado de paz de Versalles la lucha por el poder y la ambición siguen siendo prioridad de quienes nos gobiernan. Y es que, según Voltaire, “las nuevas civilizaciones no suprimen las guerras, las perfeccionan”. 

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